CUANDO LA JUSTICIA CANSA

CUANDO LA JUSTICIA CANSA: EL DESGASTE DE LOS ABOGADOS ANTE UN SISTEMA AL LÍMITE
Existe una paradoja silenciosa en el corazón de la profesión jurídica: quienes han dedicado su vida a defender derechos son, con frecuencia, los primeros en ver cómo esos mismos derechos se diluyen en una burocracia sin respuesta, en salas de espera interminables y en señalamientos para dentro de tres o cuatro años. El cansancio y la desilusión de los abogados con el funcionamiento de la Administración de Justicia ha dejado de ser una queja individual para convertirse en un problema estructural de primer orden.
Un sistema al borde del colapso
Los datos son elocuentes. Abogados de toda España relatan señalamientos de juicios fijados para 2026 e incluso para 2027. En el Juzgado de lo Social número 4 de Almería, un asunto de prestaciones de Seguridad Social tardará en resolverse más de cuatro años. En el Juzgado de lo Social número 9 de Sevilla, una reclamación laboral de escasa cuantía tiene fecha de juicio para abril de 2027. El mantra que circula entre letrados —«la Justicia lenta no es Justicia»— ha dejado de ser una metáfora para convertirse en una descripción literal de la realidad.
Desde la perspectiva constitucional, el impacto es evidente: un proceso excesivamente largo puede vulnerar el artículo 24 de la Constitución Española, tal y como ha recordado reiteradamente el Tribunal Constitucional. La congestión judicial no es, por tanto, solo una cuestión de gestión, sino una auténtica quiebra de garantías fundamentales.
El precio humano: el síndrome del abogado quemado
Sobre los profesionales que trabajan en este entorno recae una carga muy difícil de sostener. Un estudio pionero en Europa elaborado por la Asociación Humanizando la Justicia reveló que el 63% de los abogados encuestados declara sufrir un desgaste profesional alto o muy alto, el 29,8% un desgaste medio, y apenas el 7,2% uno bajo. Estudios recientes sitúan en torno al 15% el porcentaje de abogados españoles completamente quemados por su trabajo, mientras que hasta un 65% sufre algún grado de agotamiento laboral.
Este desgaste no surge en el vacío. Son muchos los factores que lo alimentan: la tensión de defender los derechos de otra persona, el esfuerzo mental diario, la alta competitividad del sector y las largas jornadas de trabajo. A todo ello se suma la frustración de operar en un sistema que no funciona: esperas que se acumulan, resoluciones que se demoran, notificaciones que no llegan y un trato en sede judicial que en demasiadas ocasiones no guarda la consideración debida al profesional.
El nuevo Estatuto de la Abogacía reconoce implícitamente este problema al contemplar mecanismos para que los abogados puedan denunciar ante su Colegio cuando consideren que un juez o tribunal “no guarda la consideración debida a su función”, lo que da idea de hasta qué punto la falta de respeto institucional es una realidad cotidiana.
Las consecuencias van más allá del abogado
La dilación mina la relación con los clientes: muchos ciudadanos culpan a sus abogados por la tardanza o pierden confianza en la Justicia y, por extensión, en los profesionales que los representan. La lentitud judicial repercute negativamente en el tejido productivo, desincentiva la actividad económica y frustra la promesa de una justicia ágil y eficiente.
Según un informe de Sigma Dos, el impacto económico del retraso judicial en España podría ascender a los 11.000 millones de euros que cada año quedan paralizados en los órganos judiciales.
Una profesión que no baja los brazos
Ante esta situación, la respuesta de la profesión ha sido organizarse. El Consejo General de la Abogacía Española ha convocado a sus 83 Colegios a movilizarse ante las principales sedes judiciales del país, ante lo que describe como una “enorme preocupación” por meses consecutivos de paralización de juzgados y tribunales que tienen colapsado el servicio público de la Justicia.
Desde este despacho compartimos esa preocupación. No como queja abstracta, sino como realidad vivida a diario junto a nuestros clientes. Sabemos que detrás de cada expediente paralizado hay una persona esperando una solución, una empresa sin liquidez o una familia en la incertidumbre. Por eso seguimos ejerciendo con rigor, con honestidad sobre los tiempos reales y con el compromiso de acompañar a cada cliente en cada etapa del proceso, por larga que sea la espera.
Porque mientras el sistema no mejore, lo que sí podemos ofrecer es información clara, estrategia sólida y presencia constante. Eso no caduca.
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